Borneo

La Isla de Borneo se encuentra en el sudeste asiático y la comparten Malasia, Indonesia y el Sultanato de Brunei.

Apuntes de Borneo

Borneo ocupa el tercer puesto entre las islas más extensas y en su interior encierra selvas de difícil acceso.

Sabah es uno de los estados de Malasia en Borneo. El nombre viene del árabe y significa “donde nace el mañana”. Por muchos años Sabah fue el último lugar que figuraba en los mapas hacia el oeste. Los navegantes de medio oriente llegaban a sus costas donde terminaban las rutas de las especies, seda y perlas. Muchos años después llegaron los portugueses, holandeses, alemanes, españoles e ingleses. Estos últimos rebautizaron al lugar con el aburrido nombre de “Borneo Septentrional”.

El otro estado malayo en Borneo es Sarawak, que significa “te lo regalo”. La historia cuenta que el Sultán de Brunei, nombró Rajá de este territorio a un aventurero inglés llamado James Brook. El inglés a cambió lo ayudó a terminar con la sublevación de los malayos en la isla.

Brook tenía fama de violento y logró gobernar con ayuda de diferentes alianzas entre los pueblos locales, el apoyo de Inglaterra y muchos garrotazos. Después se enfrentó a quien lo convirtió en Rajá y se apoderó de gran parte de Brunei.
James Brook nunca se casó ni tuvo hijos, algunos cuentan que sus amores siempre involucraban a jóvenes y apuestos muchachos. Antes de morir designó al hijo de su hermana como heredero del trono. La dinastía Brook duró cien años, hasta la Segunda Guerra Mundial cuando los japoneses tomaron Kuching. El tiempo, que todo perdona, convirtió a James Brook en el héroe de Sarawak.

Los cocodrilos de Borneo tienen la costumbre de cada tanto comerse alguna persona. El último caso sucedió hace dos años cuando un pescador fue tragado por un cocodrilo de más de cuatro metros. Otros pescadores dicen haber visto al cocodrilo con pedazos de su colega entre los dientes.
Quizá como advertencia en el museo de Ciencias Naturales de Kuching se exhiben un reloj y una dentadura que habían pertenecido a un intrépido aventurero y fueron extraídos del estómago de un cocodrilo. Cuando le preguntaron al veterinario que abrió al animal porqué no aparecieron otras partes de la víctima, el tipo respondió: “el resto fue excremento”.

Sandakan es una ciudad puerto que por su condición la variedad es parte de lo cotidiano. En la ciudad es regla que haya cuatro restaurantes por cuadra. Hay restaurantes malayos, chinos, afganos, mongoles, filipinos, indios, tailandeses y vietnamitas. También hay opciones para vegetarianos y algunos que se dicen musulmanes.
De lunes a sábados los habitantes de Sandakan tienen como ritual salir por las noches a comer o a tomar un simple café o té. Van solos o acompañados por amigos o familiares. Entonces es cuando los chinos llegan hasta los restaurantes indios, los filipinos visitan a los vietnamitas, los malayos disfrutan de la comida tailandesa, los afganos son atendidos por los mongoles, los carnívoros se vuelven por un rato vegetarianos y algunos descubren que los restaurantes musulmanes no apuntan a La Meca. Los domingos en ceremonia cada uno acude a su templo a charlar con Dios.

Kuching, capital de Sarawak, es la ciudad de los gatos. En idioma malayo “kuching” es gato. En la ciudad las figuras de los felinos están en todas partes: en los estampados de camisas y carteras, pegadas en los vidrios de los autos y en los carteles de publicidad. Además hay varios monumentos gatunos en diferentes parques y hasta crearon el Museo del Gato.
Los gatos pasean tranquilos por las calles, mientras que los perros aprendieron a vivir sin ningún privilegio. Los ancianos del barrio chino dicen que la mayoría de los perros vagabundos emigraron a ciudades amigables y que años atrás era común ver el éxodo canino por las banquinas de la ruta que lleva a Sibu.
Cada noche los gatos frecuentan los restaurantes de la ciudad, para pedir comida frotan su cuerpo con las piernas de los comensales. Los gatos de Kuching adoran el picante.

En el año 1862 nació en la ciudad italiana de Turín el escritor de aventuras más prolífico de la literatura universal. Emilio Salgari escribió más de cien novelas, una de las más famosas fue “Sandokán, El tigre de la Malasia”, en la cual su protagonista, Sandokán, junto con sus compañeros Yañez, Kammamuri y sus cientos de “tigrecillos” se enfrentaban al Rajá de Sarawak, el inglés James Brooke, enemigo de los piratas de Borneo.
Lo curioso de Salgari es que sus novelas están contadas con minuciosos detalles de la ciudades, fortalezas, ríos y costumbres del lugar, pero el escritor nunca viajo por el zona. Tampoco se conoce de alguien que pudo haberle relatado descripciones de los sitios o que haya consultado atlas o enciclopedias.
A pesar de haber sido el primer escritor europeo que vendió más de cien mil ejemplares de un mismo libro, Salgari nunca tuvo dinero y los problemas económicos lo agobiaron durante toda la vida. Hay quienes afirman que escribía durante días y noches sin salir de su pequeña casa. Trabajaba sin descanso para poder entregar sus obras a los editores que siempre lo explotaron y jamás le dieron una retribución justa. A los cuarenta y nueve años se suicidó haciéndose el harakiri con un cuchillo similar al que usaría Sandokán. Dejó una carta a sus editores: “A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor, sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma”.

El pueblo de Sukau se encuentra en la costa del río Kinabatangan, rodeado por un manchón de selva que sobrevive a la tala y plantaciones de palma para aceite. El pueblo está formado por una calle principal, paralela al río, una sencilla mezquita y varias casas desparramadas. También tiene un muelle en desuso donde los pobladores todavía esperan que atraque un barco que les hará cambiar sus vidas para siempre.
Algunos enuncian que será un barco que busca petróleo, otros en cambio aseguran haber escuchado en la radio que la embarcación traerá las partes para instalar una fábrica de harina de pescado y varios insisten que llegará en busca de maderas finas.
Nadie puede asegurar con certeza para qué arribará el barco al pueblo, pero todos saben que cuando esto suceda sus vidas no volverán a ser las mismas. Por eso ninguna persona se atrevió a destruir el muelle, pero tampoco nadie colabora en mantenerlo.

Las lluvias de Borneo son cortas pero intensas y no hay paraguas que las resista. A veces el agua cae con tanta fuerza que las gotas duelen en el cuerpo. En Kapit las lluvias son diarias y siempre tienen la misma duración. Por eso las precipitaciones están cronometradas con precisión, un chaparrón de diecisiete minutos cada dos horas. Los horarios de los aguaceros van cambiando cada día. Por eso el uso del reloj en Kapit adquiere una utilidad mayor que en cualquier otro sitio. Las personas se la pasan calculando horas y minutos para saber el momento exacto del próximo chaparrón. Muchas actividades se organizan de acuerdo a la tregua que brinde el agua. Los partidos de fútbol del club local comienzan al minuto que finaliza la lluvia y cuando hay alargue se debe esperar que escampe para continuar. Por la misma razón nunca se organizan actos al aire libre con duración mayor a las dos horas y es señal de buena costumbre finalizar las actividades unos minutos antes del diluvio para que los presentes puedan buscar refugio.

El río Rejang es uno de los más caudalosos de Borneo. Muchas embarcaciones recalan en los puertos de Sibu, Kapit y llegan hasta la inhóspita Belaga. Después comienzan las montañas y las selvas que aún sobreviven a las topadoras.
Cuando se viaja desde Belaga río arriba durante medio día se llega a un caserío que no tiene nombre. Los habitantes del poblado llegaron hace pocos años y construyeron sus casas de madera sobre pilotes en la costa del río. La gente vive de la pesca y de la madera.
En las afueras del pueblo funciona un bar donde suelen atracar las embarcaciones menores antes de adentrarse en las zonas salvajes. Lo curioso del bar es que lo atiende una joven mujer y cinco monos. Todas las mañanas los primates bajan de los árboles cercanos para ayudar a la dueña del bar. Siempre son cinco, ni uno más ni uno menos. Tres machos y dos hembras. Cualquier viajero que se detenga en el bar podrá ver a estos infatigables trabajadores yendo y viniendo, llevando en sus manos cafés con hielo, refrescos y cervezas sin derramar una gota. Algunos aprovechan su cola para llevar los ceniceros a las mesas de fumadores. También recogen los vasos y platos usados. Los clientes llevan maní para dejar propina.