Escuelas de tierra adentro

Con apoyo del Museo de los Niños Abasto

Declarado de interés educativo por el Ministerio de Educación

 

La educación siempre ha sido el medio más importante de inclusión social, en la actualidad se ha convertido en la única esperanza para el desarrollo de muchos niños y niñas. Quizá no sea en vano pensar que mientras alumnos y maestros se encuentren frente a un pizarrón nada estará perdido.

Hay numerosas escuelas que poco se parecen a aquellas a las cuales estamos acostumbrados. Escuelas que además son comedores, salas de primeros auxilios, centros comunitarios, hogares…Escuelas rurales, del silencio y del olvido. Escuelas de tierra adentro.

 

Lunes

Cada lunes llegan los maestros a las escuelas desde las ciudades o pueblos donde radican, trayendo mercadería en micros destartalados, camionetas alquiladas con dinero de su propio bolsillo, caballos prestados o caminando. Muchos deben hacer trámites bancarios por lo que recién a la tarde llegarán a sus lugares de trabajo.

También llegan los alumnos desde sus hogares, algunos ubicados en parajes remotos, por lo que deben recorrer largas distancias a caballo, en bicicleta o a pie. Llegan a la escuela después de pasar el fin de semana con sus familias, donde lejos de descansar, debieron ayudar en trabajos domésticos como juntar leña, lavar ropa y cuidar animales. Ellos no sólo vuelven a las aulas, también vuelven a la dieta de las cuatro comidas diarias, a la cama individual, a la ducha diaria y al tiempo para jugar. Cuando se les pregunta a los niños y niñas cuál es el día más lindo de la semana, todos están de acuerdo: el lunes.

Una parabólica en la selva de Lipeo

El maestro Eliseo, de la escuela de Lipeo, contrató el servicio de televisión por satélite. Como la empresa no llegaba a los parajes perdidos en la selva, tuvo que hacer instalar la antena parabólica en su domicilio de la ciudad de Orán.

Un domingo por la mañana subió al techo de la casa y con sus propias manos desinstaló la parabólica, después la metió en una caja de cartón y se fue directo a la terminal de micros. Con un bolso y la caja de cartón viajó al pueblo fronterizo de Aguas Blancas, allí cruzó en bote el río Bermejo hasta Bolivia. Tomó otro colectivo hasta el Puente Internacional que une las localidades de La Mamora (Bolivia) con la de Los Toldos (Argentina) y caminando ingresó nuevamente al país. Una camioneta lo acercó al pueblo y un tractor lo llevó hasta Lipeo.

Aquel lunes, después de clases, sacó la antena parabólica de la caja de cartón y subió al techo de la escuela. Sus alumnos lo observaban con asombro y curiosidad. Con ayuda de los varones de octavo y noveno logró hacer todas las conexiones tal cual tenía dibujado en un papel. Al mismo tiempo la maestra encendía el televisor.
Entonces el maestro comenzó a girar el enorme plato de la antena teniendo en cuenta los puntos cardinales. Primero fue una lluvia, después rayas y por último los gritos y las risas de los chicos que anunciaban la llegada de la imagen.

Señal de celular

Todos los maestros están de acuerdo que el teléfono celular es una herramienta ideal para comunicarse con sus familias o para solicitar ayuda ante una emergencia. El problema es que en la mayoría de las escuelas no hay señal.

La maestra de Lipeo debe caminar más de cinco horas para llegar a una zona donde poder utilizar su celular y de esta forma tener noticias de su hijo.

En otros lugares, con paciencia y perseverancia, fueron descubriendo algunos sitios donde por ciencia o magia la señal llega sin problemas.

En la zona de Cerro Negro hay dos altos cardones entre los cuales se puede hablar sin interrupciones. Algunas personas detienen su caminar al pasar por el lugar indicado para enviar mensajes a sus familiares en la ciudad.
En una escuela cercana a Baritú, la señal se encuentra junto al mástil, así que los maestros, como firmes escoltas, hablan por teléfono junto a la bandera.

Carina, la maestra de la escuela de La Bomba, se trepa a un árbol de mistol, desafiando la altura y las espinas para llegar hasta el punto exacto donde la tecnología se hace presente en medio del chaco salteño.

De maestros y enfermedades

En las zonas rurales cuando un niño está enfermo no falta a la escuela. Los padres envían a sus hijos a clase, ya que en la escuela podrán ser asistidos mejor que en sus hogares. Por lo general los maestros cuentan con algunos medicamentos y con más comodidades que en las casas de los alumnos.
Además, cada vez que en la zona alguien está muy enfermo u ocurre algún accidente, los pobladores recurren a los maestros en busca de ayuda.

Aviones

Sergio, un alumno de la escuela del paraje Km. 90 del monte chaco salteño, sabe que todos los días pasa un avión antes de las nueve de la mañana, otro al mediodía y un tercero después de las diez de la noche. También conoce la dirección por la cual van a aparecer y en qué punto se van a dejar de ver; y que los dos que pasan de día son blancos y que el de la noche enciende y apaga las luces.

Los aviones son exactos como los relojes y cada día de la semana pasan sin importar si el calor es de cuarenta y cinco grados o si las lluvias inundan los campos. Hay días en que las nubes ocultan a los aviones, entonces sólo se los escucha. Pero en los días soleados se los puede ver “claritos”, inclusive se llegan a notar las ventanillas. Es ahí cuando Sergio se pregunta si los pasajeros estarán viendo la escuela.